Réquiem





Llegaste hasta mí vadeando el río, chapoteando torpemente en sus negras aguas, enmarcada en las tinieblas de la noche, fantasmagóricamente iluminada por la luz de la luna, huyendo de las fauces y las garras del bosque de piedra, con el vestido que tejimos desgarrado y ensangrentado, hasta caer desvanecida en mis brazos. Con tristeza te despojé de los jirones. Con dolor lavé tus heridas.


Pasé la noche velando tu agonía, retorciendo mi nave rumbo a tu delirio, desorientado en la tempestad de tus lamentos, naufragando en la vorágine de tu pesadilla.


Saludó tu muerte a la alborada. Sacié mi sed con el rocío de tus labios. Te alejaste reclamando mi compañía con tu familiar sonrisa seductora, con tu habitual mirada cautivadora, silente y hermosa. Pero sabes que no iré junto a ti. Sabes que seguiré vagando por esta otra orilla, junto al bosque de cristal, donde las aves no aletean inútilmente sobre el suelo.



Jean-Jacques Proudhomme




Obituario


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