Eritis sicut deus





Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que los hijos de los hombres salieron de oriente y llegaron hasta una llanura en las tierras de Sinar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: "Vamos, hagamos ladrillos y cozámoslos con fuego y edifiquemos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo y démonos un nombre por si fuéramos esparcidos sobre la faz de toda la tierra". Y miró Jeová para ver la ciudad y la torre que edificaban y dijo: "He aquí que el pueblo es uno, y todos ellos tienen una sola lengua y han comenzado la obra y nada les hará desistir de lo que han empezado a hacer. Ahora, descendamos y confundamos su lengua para que ninguno entienda lo que habla su compañero".


Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra y dejaron de construir la ciudad y la torre. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.


Y los hombres se multiplicaron y cavaron pozos para sacar agua y recolectaron el grano y sacaron a los peces de las aguas.


Y miró Jehová las ciudades que los hijos de los hombres habían construido y vio que cada pueblo hablaba una lengua distinta, y dijo Jehová: "Ea, Esto es bueno". Pero también vio que los hombres de un mismo pueblo hablaban la misma lengua y se entendían. Y la cabeza de Jehová osciló de un lado a otro y su ceño se frunció y sus puños se crisparon, y dijo: "Ahora, bajemos a las ciudades de los hijos de los hombres y confundamos sus pensamientos para que no se entiendan, y que cuando el hermano le diga a la hermana: saludos, hermana, bienaventuranzas te deseo, la hermana no lo entienda y le tema y le huya; y que cuando el vecino le diga a la vecina: es hermosa la vaca que ha comprado tu marido, y vigoroso el buey, la vecina no lo entienda y le diga a su marido: mira, oh esposo mío, que el vecino me pide conocimiento carnal, y el marido se arme con su maza de guerra y aplaste con ella la cabeza del vecino; y que cuando el viajero coma asado en la posada y le diga al posadero: es tierno y sabroso tu asado, posadero, y con gusto pagaré su precio, pues sin duda será un precio justo, el posadero no lo entienda y crea que el viajero le dice que no le pagará el asado porque la carne huele a cuesco de hiena y es dura como pezuña de cerdo, y el posadero lo deslome a palos y le arranque y entierre los brazos y las piernas y heche sus vísceras para comer a los perros". Y así habló Jehová.


Y hete aquí que los santos pies de Jehová hollaron las ciudades de los hijos de los hombres. Y la hermana ya no entiende al hermano, ni la vecina entiende al vecino, ni el posadero entiende al viajero. Y hete aquí que los hijos de los hombres se dispersaron aún más, lejos los unos de los otros, por toda la faz de la tierra. Y cada hombre fue una ciudad reciamente fortificada y cada hombre dio a su ciudad un nombre, pero nadie conoce el nombre de ninguna ciudad ni de ningún hombre, porque nadie conoce ni la lengua ni el pensamiento de otro hombre. Y dijo Jehová: "Esto es bueno".


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