Con la venia


(A modo de obertura o prefacio o íncipit o proemio o introito o algo por el estilo)





Durante los últimos tiempos (no queremos parecer pedantes y presentarnos con fanfarrias ni alharacas, ni una oratoria pomposa del estilo de "Desde la noche de los tiempos..." o "Durante eones inmemoriales..."), hemos ido recogiendo, ora de aquí, ora de allá, ora de acullá, unos pocos escritos con los que nos hemos ido tropezando por esos mundos de Dios.


No seremos nosotros quienes juzguemos su originalidad o calidad, si la tuvieran o tuviesen, pues no es este el impulso que nos anima a mostrarlos ante los ojos de los habitantes de este singular mundo. Ojos escépticos y severos unas veces, comprensivos y tolerantes otras, turbios y desorientados o aturdidos y confusos las más de las veces. No. Los motivos que nos han llevado a perpetrar esta hecatombe de las letras deben carecer de relevancia para el común de los mortales, pues para desentrañarlos habríamos de escudriñar en los misterios insondables del Universo.


En el caso de algún escrito originario de tiempos relativamente remotos o de países arcaicos más o menos indefinidos y con lenguajes rudimentarios o difusos, hemos tenido la cortesía de adaptar el texto al lenguaje y pensamiento occidental actual, respetando, como no podía ser de otra manera, en todo lo posible el espíritu original. De nada.


También hemos tenido el buen gusto de incluir una reseña aclarativa acerca del documento y/o el autor. Esta información podrá ser exhumada en una sección a la que hemos bautizado con el ocurrente y jocoso vocablo de Obituario. No hay de qué.


Aun pareciéndonos innecesario, consideramos prudente señalar que no tenemos por qué participar de las ideas u opiniones que de lo aquí expuesto puedan desprenderse, dado que la salud mental de algunos de los autores (y sin duda también la de muchos de los lectores) se nos antoja harto sospechosa, cuando no claramente quebrada o empapada en los vapores del jugo del opio durante lisérgicas noches de molicie y placer. Pues eso, un placer.


Sí parécenos, sin embargo, necesario advertir que esta República se haya, cual ser vivo, en permanente estado de evolución, mutación y convulsión, zarandeada por disturbios, turbulencias y perturbaciones, y si por ello algún visitante acabara precipitándose al vacío tras alguna arcada o desorientado al final de alguna bóveda, no le quedará sino resignarse y desplegar las alas. Lo sentimos. Y a mandar.


Así pues, salud y buen provecho. Y recordad las palabras de Achylles Tawnmann, teórico del Ateísmo Filosófico y del Escepticismo Sinfónico: "Quien apura su copa peca de egoísmo, pues tras él llegan los dioses sedientos".


Así hemos hablado. Así ha sido escrito. Así será recordado.